NIMBUS
NIMBUS
¿Hola? ¿Cómo estás?
¿Sabes? Desde el otro día no dejo de pensar que nuestro amor no es casualidad.
Sí, me he sentido raro, pero me alegra decir que me siento raro contigo.
Las nubes son ciegas,
no ven cuando están tras de ti,
pero nunca se alejan,
una imagen dejan en ti.
Es así,
el amor no se aleja.
Es sutil
y a veces apendeja.
Y qué mejor que contigo
para apendejarse
y usar tu pecho de abrigo
cuando se hace tarde.
Es así,
una flecha que entera
va a su fin
y aterriza dentro de ti.
Y esta nube es tan buena, que me habló de ti
y me dijo: “Aquí es con quien yo te uní”.
Bendíceme, que esta noche es de dos,
pues la tormenta por fin cesó.
Te apareciste de repente en mí, Nimbus,
y señalaste dónde ser feliz.
Abriste bien cuando escuché,
pues mis sentidos estaban bien.
Más claro no pudo ser, oro,
que olfateaste el amor, Nimbus.
Ve y bendice otro amor, Nimbus.
Mágico el viento
que entre piedras humeó,
un buen aullido
que entre risas escuchó.
Se siente,
vibras diferentes.
Se siente
cuando llegaste tú.
Las nubes no saben escuchar hoy,
pero mis plegarias llegaron con mucha altitud.
Solo pedí paz y aguardiente
y me diste la razón de ser valiente.
Es así,
cuando cerré la puerta
y te vi,
convencida del “siempre”.
Y esta nube es tan buena, que me habló de ti
y me dijo: “Aquí es con quien yo te uní”.
Bendíceme, que esta noche es de dos,
pues la tormenta por fin cesó.
Te apareciste de repente en mí, Nimbus,
y señalaste dónde ser feliz.
Abriste bien cuando escuché,
pues mis sentidos estaban bien.
Más claro no pudo ser, oro,
que olfateaste el amor, Nimbus.
Ve y bendice otro amor, Nimbus.
Se siente diferente,
sentimiento sin precedentes.
Nimbus, bendíceme, Nimbus,
para estar siempre bien.
Y, al final del día, solo quiero sentirme así contigo, porque, no sé, me siento bien si es así, Nimbus.
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